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lunes, 17 de octubre de 2011

PROPUESTA DE SOLUCIÓN PERÍODO HISTÓRICO 1808-1814

          PERIODO HISTÓRICO COMPRENDIDO ENTRE 1808 Y 1814



         El período histórico comprendido entre 1808 y 1814 se encuadra dentro de la crisis del A. R. Durante esos años se producen una serie de acontecimientos que inician la desaparición del modelo del A.R para ser sustituido por el modelo del liberalismo. Entre esos acontecimientos destacamos: la sustitución de Carlos IV por su hijo Fernando VII, la Guerra de la Independencia y la formación de las Cortes de Cádiz con la redacción de nuestra primera constitución, la de 1812.


            El reinado de Carlos IV fue un reinado mediocre, que además tuvo que hacer frente a graves problemas económicos y, sobre todo, al desarrollo y consecuencias de la revolución francesa. Las medidas tomadas para atajar los problemas no fueron buenas (el cierre de fronteras contra Francia no solucionó nada) y la paralización de las reformas y la sustitución de los ilustrados por gente de menor valía, como Godoy, empeoraron las cosas. Quizás el nombramiento de Godoy simboliza el mal gobierno de Carlos IV. Su rápido ascenso vendría dado por su relación con la reina, por la incapacidad de Floridablanca y Aranda de solucionar los problemas derivados de la revolución francesa y por ser un noble de origen humilde que es encumbrado con títulos por los reyes para poder enfrentarse a los privilegios de la alta nobleza y ser leal solo a los reyes. Manuel Godoy y Álvarez de Faria fue mal acogido por todos: por los nobles, por ser de origen humilde (hidalgo extremeño); por los ilustrados, por plantear reformas para las que no estaba preparado; por la iglesia, por las reformas como la desamortización que ataca sus propiedades y privilegios, por el pueblo, por su desmedida ambición; y por el partido fernandino ya que ocupaba puestos que deberían ser para Fernando y los nobles que lo apoyaban. Intentó hacer algunas reformas, pero no funcionaron (como la desamortización, o reformas impositivas). Su política exterior fue nefasta, primero guerras contra Francia, que solo supusieron más honores para él (nombrado Príncipe de la Paz en 1795) y, después, con la llegada de Napoleón, la alianza con Francia contra Inglaterra.


            Francia plantea el bloqueo continental contra Inglaterra y Godoy firma el Tratado de Fontainebleau con Francia, en 1807. Este tratado permite la entrada de las tropas francesas en España para conquistar Portugal. Después Portugal sería repartido y Godoy obtendría un reino en los Algarves, lo que colmaba sus aspiraciones. Pero cuando los franceses entran en España actúan más como conquistadores que como amigos, por lo que Godoy traslada a los reyes a Aranjuez, para preparar su marcha a Sevilla y después para América, como hicieron los reyes portugueses. El partido fernandino aprovecha el malestar por la presencia de las tropas francesas y por la mala gestión de Godoy para promover unos tumultos, del 17 al 19 de marzo de 1808 que se conocen como El motín de Aranjuez, que consiguen el cese y encarcelamiento de Godoy y la abdicación de Carlos IV en Fernando VII, aduciendo problemas de salud. Así, Fernando VII y el partido fernandino se libraban de Godoy y obtenían el trono español.


            Carlos IV, arrepentido de sus actos, intenta recuperar el trono y no acepta su abdicación, por ser forzada, y busca la ayuda de Napoleón; lo mismo hace Fernando VII. Ambos, manejados por los asesores de Napoleón, que prefieren una monarquía desunida, (en el Doc. 2. Se refleja esa idea: “engañándole para hacerle pasar a Francia...”), marchan al supuesto encuentro de Napoleón y llegan hasta Bayona. Allí son tratados como prisioneros y obligados (sobre todo al conocerse los sucesos del 2 de mayo), a cambio de grandes rentas y con la promesa de mantener la integridad de los reinos y la religión católica en España, a abdicar en favor de Napoleón (días 4 y 5 de mayo de 1808), el cual nombró a su hermano José como rey de España.


            Mientras tanto, en España, los franceses controlan todo y pretenden trasladar a Francia a toda la familia real. Este acontecimiento provoca, el 2 de mayo, la reacción del pueblo de Madrid contra los franceses. Cuando los franceses inician el traslado a los infantes a Francia, (Infante Francisco de Paula) el pueblo de Madrid, junto a alguna tropa (los capitanes Daoíz y Velarde y el teniente Ruiz) del parque de artillería de Monteleón, se levantan contra los franceses e  intentan impedir esa salida, pero son derrotados por las superiores tropas francesas mandadas por el mariscal Joaquín Murat (cuñado de Napoleón, gobernador de las tropas francesas en Madrid, y nombrado después rey de Nápoles por Napoleón). Como vemos en el Doc.1. Murat habla del levantamiento que será sofocado (cargas de los soldados mamelucos -cuadro de Goya-) y ordena una gran represión (todos los participantes de los alborotos o que difundan libelos serán arcabuceados) (fusilamientos del 3 de mayo de Goya). Se inicia en ese momento la Guerra de la Independencia. Entre los motivos del levantamiento podemos señalar: la defensa de la integridad nacional frente a un  aliado traidor, la convicción del carácter tiránico de Napoleón, y el  sentido patriótico.


            Ante la inacción de las instituciones (Consejos y Junta de gobierno), que habían quedado con órdenes de atender bien a los franceses, son otras personas y autoridades, como el Alcalde de Móstoles, los que llaman a la resistencia contra los franceses. En ese momento empiezan a formarse unas Juntas de Armamento y Defensa, primero locales y provinciales, para dirigir la guerra y gobernar.  Así se inicia la guerra y se rompe también con el A. R. ya que las Juntas asumen la soberanía; se inicia así el proceso de la revolución política que se sucede en esos años y que supondrá la sustitución del absolutismo por el liberalismo. En el Doc. 2 vemos la proclama que efectúa una de esa Juntas, en este caso la del Principado de Asturias, llamando a los asturianos a coger las armas contra los franceses. Al igual que esta Junta se produce la formación de otras por toda España. Estas Juntas estarán formadas por antiguas autoridades y nuevas figuras (sobre todo burgueses) que se manifiestan contrarios a la ocupación francesa. Basan su autoridad en la legitimación popular y asumen la soberanía en su territorio en nombre de Fernando VII. Estas Juntas, primero locales y provinciales, se irán organizando hasta formar en septiembre de 1808 una Junta Central Suprema para dirigir la guerra. Esta Junta ante las graves e importantes decisiones que hay que tomar decide convocar unas Cortes del reino, elegidas por sufragio universal, para que tomen ellos la dirección; también, ante las dificultades de la guerra, le entregan el poder a una Regencia, formada por 5 miembros entre los que se encuentran el general Castaños y el Obispo de Ourense.


   La Guerra de la Independencia es una guerra muy desigual. La Grand Armeé contra un pueblo y ejército mal organizado y pertrechado. El ejército tradicional fue incapaz de detener el avance de los franceses, aunque que hay que destacar la victoria del General Castaños en Bailén, que da esperanza y permite mantener, en principio, a los franceses lejos de Andalucía. En la guerra debemos destacar la fuerte defensa hecha por el pueblo, que desembocó, en ocasiones, en los llamados sitios (como en Zaragoza, por el general Palafox y Agustina de Aragón), es decir, la fortísima resistencia efectuada por algunas ciudades que retrasaron el avance francés y permitió la reorganización de otras poblaciones  y en las acciones de las guerrillas (El Empecinado, Espoz y Mina, el cura Merino). Las guerrillas son formaciones de pocos miembros, refugiados en los montes, conocedores del terreno, y auxiliados por las poblaciones del lugar, que hostigaban constantemente al ejército francés. Aparecen ante la ineficacia del ejército tradicional español, que es derrotado, y para oponerse, por patriotismo, en muchas ocasiones, a la ocupación y pillaje de los franceses. Sus acciones fueron regularizadas por la Junta Central desde 1809, encargándoles las misiones de interrumpir sus comunicaciones y suministros, cansarlos, en fin, hacerles todo el mal posible. Obligaron a los franceses a mantener muchos soldados en España y a no tener nunca un perfecto control del terreno. En las guerrillas se formaran algunos líderes en la defensa del liberalismo que tendrán una gran actividad durante el reinado de Fernando VII para la instalación del liberalismo, como El Empecinado, Espoz y Mina, etc. Estaban dirigidas por antiguos soldados (Juan Díaz Porlier, Antonio Cuesta), campesinos (Francisco Espoz y Mina, Juan Martín “El Empecinado”), miembros del clero (Jerónimo Merino, el cura Merino, Juan Medieta, el Capuchino), desertores militares o contrabandistas. Sus acciones son fundamentales para la victoria en la guerra. Algunas guerrillas acabarán cayendo en el bandolerismo.


Durante la guerra Napoleón tuvo que venir a España para intentar controlar todo el territorio, pero en 1812 la guerra con Rusia obligó a Francia a desdoblar el ejército. Así, fue incapaz de mantener dos frentes y, a finales de 1813, tuvo que abandonar España.


La guerra se puede dividir en tres fases:


l  Mayo-noviembre de 1808: entrada franceses. derrota en Bailén.


l  Noviembre de 1808-enero de 1812: dominio francés y capitulación de Zaragoza (defensa por el general Palafox y Agustina de Aragón) y Gerona. Guerrilla. Solo Cádiz y Lisboa libres.


l  Enero de 1812-abril de 1814: repliegue francés (campaña de Rusia) y ofensiva hispano-inglesa (los ejércitos coordinados por Wellington ganan las batallas de Vitoria y San Marcial).




            La guerra de la Independencia será una guerra que involucra a toda la población española,  pero que no todos tienen los mismos posicionamientos. En el Doc. 3 el militar Evaristo San Miguel (militar y político que luchó en la Guerra y defensor del liberalismo)  expone distintos intereses frente a la guerra y a los franceses. Dentro de las distintas posturas podemos diferenciar dos grandes grupos: Primero, Los afrancesados, aceptaron el nuevo gobierno de José I y participaron en el, unos por oportunismo y otros, procedentes del despotismo ilustrado, que creyeron que podían realizar las reformas necesarias para la modernización del país. Considerados traidores, al final de la guerra tuvieron que exiliarse. El segundo grupo comprende lo que conoce como el frente patriótico, la mayoría de la población que se opuso a la invasión. En este conjunto, como se señala en el Doc. 3 existen muchas diferencias y luchan por motivaciones distintas. La nobleza y clero pretendían un regreso al  absolutismo, se enfrentan a los franceses por ser reformadores (Doc. 3, lín. 3), no por ser una dinastía nueva. Los ilustrados (Floridablanca, Jovellanos...) pretendían el regreso  de Fernando VII para que realizase reformas, pero no para volver a los excesos del despotismo (Doc. 3 lín. 7). Los sectores liberales ven en la guerra el momento para transformar España en un sistema liberal-parlamentario; pretendían: soberanía nacional, división de poderes y una Constitución. Todos tienen el objetivo de derrotar a los franceses, pero durante la guerra y la redacción de la Constitución de Cádiz se pondrán de manifiesto las diferencias, y al finalizar la guerra se impondrán, cuando regrese Fernando VII, los partidarios del absolutismo.


           


            La Junta Central fue incapaz de dirigir la guerra y ante los graves problemas decide convocar unas cortes, el 22 de mayo de 1809, para reunirlas septiembre de 1810. Después traspasó sus poderes a una Regencia de 5 miembros. Se realizó una “consulta al país”, para elegir los representantes y los temas a tratar en las Cortes. De este modo se abre el camino para la revolución política que introducirá el liberalismo en España


            El liberalismo es una nueva ideología que se basa en la libertad y que responde a los intereses de la burguesía. Los principios básicos en oposición al absolutismo son: la defensa de la libertad, la igualdad ante la ley frente a la desigualdad y privilegios, la soberanía nacional (frente a la real) la división de poderes como fundamento de un buen gobierno frente a la acumulación de poderes en el rey, la existencia de instituciones representativas del pueblo frente a la no convocatoria de ellas, la existencia de una Constitución, la participación de los ciudadanos (sufragio), la defensa de los derechos naturales, etc.


            El proceso de elección de diputados para las Cortes era muy difícil por lo que se decidió  hacerlo no por estamentos sino en un solo brazo, por medio de un sufragio indirecto. Muchas provincias no pudieron elegirlos por lo que se nombraron a suplentes que se encontraban en Cádiz. La mayoría de los suplentes eran partidarios del liberalismo, lo que junto a una mayor presencia de diputados de las ciudades del litoral, en las que tenía más peso la burguesía liberal, reforzó el sesgo progresista de los reunidos. En las cortes estarán presentes varias ideologías, destacando los partidarios del liberalismo y, frente a ellos,  los partidarios de la vuelta al absolutismo, encabezados por el Obispo de Ourense, que era el presidente de la Regencia. La composición social era muy variada, había muchos representantes del clero, nobles y también muchos militares, abogados, miembros de la administración, comerciantes, propietarios, escritores, etc. Finalmente destacar que no todos los nobles y curas eran partidarios del absolutismo, como tampoco todos los burgueses lo eran del liberalismo.


            Las Cortes se abrieron, en la isla de León en Cádiz, en septiembre de 1810 y funcionaron como una sola cámara y se declararon soberanas, es decir que el poder reside en la nación, y que este se expresa a través de las Cortes.


            La legislación de las Cortes de Cádiz (1810-1813) respondió a dos objetivos básicos: elaborar una constitución como eje del nuevo régimen político y promover una serie de reformas socioeconómicas que liberaran al país de las ataduras do Antiguo Régimen. Entre estas destacan: la incorporación al Estado de todos los señoríos jurisdiccionales, la abolición de los privilegios nobiliarios, la igualdad ante la ley, la libertad de imprenta sin censura para garantizar la libertad de expresión, , la supresión de la Inquisición, la desamortización de bienes en mano muerta, a libertad de comercio, etc.


            La otra gran labor fue la redacción de una Constitución, la de 1812, pieza central de la revolución política. Es aprobada el 19 de marzo de 1812 (cuarto aniversario de la subida al trono de Fernando VII, fue llamada por ese motivo, la Pepa), resultado de un compromiso entre liberales y absolutistas. Es una Constitución muy amplia y de las más radicales de la historia de España. No solo pretendía regular el ejercicio del poder sino conseguir una reorganización de la sociedad. En la Constitución se recogen los elementos esenciales del liberalismo. Entre sus aspectos principales podemos destacar:


Frente a la idea de la soberanía real del antiguo régimen establece que la soberanía reside en la nación, entendida como conjunto de individuos que viven en un territorio, por lo que el origen y fuente del poder se encuentra en el pueblo (arts. 1 y 3); por lo tanto se entiende como una soberanía popular. Y por lo tanto, el pueblo tiene  el derecho a participar en la gestión del poder público mediante la elección de sus representantes (sufragio universal masculino). De este modo se involucraba a toda la población en la lucha contra los franceses, aunque los favorecidos serán los burgueses, que serán los que controlen el proceso político (hay que tener una renta para ser escogido y el método es indirecto).


La estructura del Estado corresponde a una monarquía moderada y limitada (como vemos en el Art. 14), que se fundamenta en la soberanía nacional y en la división de poderes. Los liberales de Cádiz quieren un monarca moderado frente al monarca con excesos del absolutismo y que tenga poder, pero sin que pueda en ningún momento excederse (por ejemplo, le prohibirán salir de España -no otra Bayona-, no dirigirá el ejército, etc.).


            La Constitución establece una rígida separación de poderes (arts. 15,16 y 17). Aspecto básico del liberalismo para el buen gobierno frente al absolutismo El poder legislativo que reside en las Cortes, es la institución central del nuevo régimen al corresponderle la voluntad nacional. Sus poderes son: elaboración de las leyes con el rey, aprobación de presupuestos e impuestos, sucesión de la Corona, etc. Las Cortes se reúnen anualmente durante un período de sesiones fijado en la Constitución (ante el temor a que el rey no las convocase). Hay una Diputación Permanente, de siete diputados que vela por la Constitución cuando las Cortes no están reunidas. El mandato de los diputados dura dos años, es inviolable, y es incompatible con otro cargo de nombramiento real. El sistema electoral está fijado en la propia Constitución, que establece el  sufragio universal masculino indirecto en cuatro grados. Solo se exige ser residente y tener una renta para los candidatos (estaban excluidos los criados domésticos y los esclavos).


            El poder ejecutivo le corresponde al monarca (gran desconfianza ya que se está a desmantelar el absolutismo, aunque mantiene poderes e influencia sobre el legislativo). Tiene la dirección del gobierno e interviene en la elaboración de las leyes a través de la iniciativa legislativa y la sanción (aprobación de la ley); posee veto (impide que una ley entre en vigor) suspensivo  durante dos años (en el caso de volver a presentarle a ley tenía que aprobarla). Sus decisiones tienen que estar firmadas por los ministros que el nombra.


            El poder judicial está en manos de los jueces inamovibles, con códigos únicos en todas las materias, excepción para curas y militares, y encargado de aplicar las leyes.


Además, la Constitución contiene a través de  su articulado (no tiene un capítulo especial como otras constituciones) una declaración de derechos de los ciudadanos: la igualdad ante la ley, libertad de imprenta, de propiedad, sufragio... que recoge lo fundamental de los principios del liberalismo.


            A nivel religioso el art. 12 establecía la religión Católica como la “única y verdadera”; quedaban prohibidas las demás religiones. Se entiende este artículo como una concesión a los partidarios del Antiguo régimen para que acepten y cedan en la instalación de principios liberales.


            En otros artículos de la Constitución se establece la reorganización de la administración provincial y local, la reforma de los impuestos, de la Hacienda, del ejército (obligatoriedad del servicio militar), enseñanza, etc. El último título de la Constitución es el de su reforma, que no podía hacerse hasta pasar ocho años y por procedimientos muy rigurosos, para evitar volver al absolutismo.


            Se trataba de una constitución revolucionaria por cuanto altera las bases políticas y sociales del Estado. Tenía como objetivo abolir el absolutismo y establecer un régimen constitucional con el predominio del poder legislativo, ejercido por las Cortes. Responde a los intereses de la burguesía, que es la gran beneficiada, aunque  contiene concesiones al AR, como en el tema religioso. Fue el primer texto constitucional aprobado en España que tendrá una gran influencia en los textos posteriores y sobre Europa. Fue un texto bien acogido por las clases medias ilustradas pero extraño para las masas populares. Las fuerzas reaccionarias sabrán emplear esta situación para intentar acabar con este nuevo régimen.


            Aprobada la Constitución de 1812, quedaba establecido el régimen liberal, se completaba el proceso de la revolución política, pero faltaba solucionar el problema del regreso de Fernando VII a España.


            Gracias a la ayuda inglesa y al inicio de la guerra en Rusia, los ejércitos franceses son derrotados y el 11 de diciembre de 1813 Napoleón firmó el Tratado de Valençay, que reconocía a Fernando VII como rey de España y permitía su regreso a España.


            El regreso de Fernando plantea ya la desconfianza de la Regencia y de las Cortes sobre la aceptación por parte de Fernando del régimen liberal y de la revolución política efectuada en España en su ausencia. Cuando Fernando VII entre es España se dará cuenta del apoyo que tiene y con los decretos de mayo de 1814 anulará toda la obra de las Cortes y volverá al régimen absoluto.


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